Disociación

Comentaba esta mañana con un instructor en meditación, la división que ambos observábamos en la población en general, a la hora de plantearse el involucrarse en una determinada actividad, y después relegarla a justo el periodo de tiempo en la que va a recibir la formación, para después volver al punto de partida diario. Es decir, si yo un fin de semana accedo a un determinado curso sobre meditación, lo dejaré relegado a esos días y como mucho lo mantendré por inercia durante los primeros días, para después volver a la rutina que conozco.

Esto lo podemos abordar analíticamente desde muchos ángulos, y uno de ellos, ha sido lo que simbólicamente puede representar en el sentido de una división interna como individuo que podemos construir. De lunes a viernes me convierto en el individuo que va a trabajar, se ocupa de la familia y se carga de estrés, para después el fin de semana convertirme en el individuo que quiere “escapar” de esa “realidad”, construyendo otra que en definitiva va a reforzar la existencia de la primera.

Estoy haciendo una generalización, y excediendo el ejemplo al extremo, aunque sí que nos podemos encontrar con casos que puedan ser muy similares al planteado. En mí opinión, es una manifestación más –entre otras cosas- de aquello de que “nos acordamos de Santa Bárbara sólo cuando llueve”, es decir, llevamos nuestros excesos al límite, y cuando percibimos que nos están pasando factura, buscamos desesperadamente un remedio mágico e instantáneo. No hemos desarrollado una cultura de la prevención y de la integridad personal.

En la búsqueda de ese remedio mágico, nos pueden resultar atractivas propuestas de lo más variopintas; aunque posiblemente tengo algo de conocimiento de aquello que “me está molestando”, aunque no sé que es exactamente, y qué es lo que quiero poner en su lugar; suponiendo –que ya es mucho- que al menos sé que la forma en la que vivo las cosas, es una construcción propia.

Como desconozco qué es lo que ocurre, hacia donde quiero dirigirme; “sólo sé que quiero dejar de notar incomodidad”, y volver a “lo que yo entiendo por calma”; nada de lo que vaya encontrando se adecuará a mi expectativa; y aún encontrando algo que pueda adecuarse momentáneamente; todo en el universo –incluido nosotros- está en continuo cambio y transformación; con lo que la tendencia a quedarnos con lo que tenemos, es absurdo, y nos entrena hacia el sufrimiento.

Precisamente, en la época de aparente calma, o por lo menos, que yo pueda vivir dentro de una armonía que en mi parecer puedo darla como razonable; es el momento adecuado de plantearse retos, desafíos, que vayan dirigidos en una optimización de mi andar por el mundo, de procurarme herramientas para proyectarme y orientarme hacia el desarrollo, la evolución…El agua estancada, se pudre, cuando hemos llegado a un nivel de nuestro desempeño llamémosle que entra dentro de una “velocidad de crucero”, comienza instantáneamente el deterioro; porque no estoy investigando, desarrollando, nuevas formas de hacer; y a la larga la crisis emergerá.


¿Cuántas de las personas que estáis leyendo esta reflexión, tenéis la sensación, os notáis, como seres autómatas, seres a la que los “acontecimientos llevan”, seres en un ciclo de repetición, seres viviendo en la insatisfacción, seres viviendo en el miedo al futuro..? ¿Qué hacéis al respecto?, ¿hacia donde os queréis dirigir?, ¿de qué forma queréis hacerlo?, ¿cómo vais a mantener esa motivación?, en definitiva, ¿qué queréis encontrar, significar, construir en vuestra vida?

Mi intención es que conectemos y generemos curiosidad, investigación, por herramientas válidas, útiles en mi día a día, con las que sintonizarme en mejores condiciones con el continuo cambio. Aprendizajes que pueda incorporar y llevar a todas las áreas de mi vida, que puedan suponer una fuente constante de aprendizaje, con los que pueda llegar a un compromiso personal y vital de tomar en mi vida el compás con el que trazar el camino que yo decido construir.

Manuel León López
Coach, Terapeuta y Formador
Contacto: 629 164 903