La Dualidad

Por regla general mantenemos un sesgo, una tendencia muy marcada a pensar de una forma dicotómica, extrema, dual: o existe “esto” o existe lo “otro”, blanco o negro, bueno o malo, estoy aquí o estoy allí. No se nos instruye o desarrollamos una forma de manejarnos mucho mas acertada, ya que entre “estoy aquí” y “estoy allí”, hay un trecho que habré de transitar, y en ese espacio puedo estar más cerca de allí y más alejado de allí, puedo permanecer aun muy cerca de aquí y aun muy lejos de allí, puedo permanecer a una distancia equidistante entre aquí y allí, y en ningún caso no estaré ni aquí o allí.

De lo que estoy hablando es de lo que comúnmente se denomina como “gama de grises” entre el “blanco y el negro”, donde estos últimos marcan unos extremos a los que muy probablemente no lleguemos a alcanzar al cien por cien, manteniéndonos en un continuo movimiento entre ellos.

Incluso la propia etiqueta empleada para una situación, suceso, conducta… puede para una persona permanecer en un extremo y para otra en el opuesto; dependiendo claro de su evaluación, juicio que sobre la misma mantenga. ¿Cómo es esto posible?, ¿si realmente estuviésemos ocupando un extremo, como es posible que para otra “mirada” estemos ocupando el opuesto? e incluso en mi propia revisión y evaluación de experiencias, ¿cómo es posible la fluctuación evaluativa de cosas que en el instante en que acaecieron para mí “tenían” una lectura evaluativa dirigida en un extremo o en el opuesto.

Y todo esto parcialmente nos conecta, con nuestra forma tan poco certera de una evaluación de nuestra realidad Cuando comento que “ Carlos es un egoísta ” , estoy haciendo muchas cosas en ese mismo acto, aunque puedo extraer que:

Doy por hecho que la comprensión de “egoísta” que yo mantengo es universal, y que sea quien sea quien lo escuche sabrá a lo que me estoy refiriendo. Cuando de hecho “egoísta” es una etiqueta que yo he colocado a una experiencia subjetiva personal, y que he extendido como un “hecho real” al resto del mundo.

Le estoy asignando una etiqueta “egoísta” como si fuese una identidad personal que Carlos –en este ejemplo- tuviese como su grupo sanguíneo; por lo tanto no hay redención posible y “siempre será un egoísta” haga lo que haga Carlos.

Olvido el contexto en el que el hecho se ha producido, dando por sentado que en el mundo existe algo denominado “egoísmo” que casi mantuviese una existencia propia e independiente, y que jugase con nuestra vida caprichosamente determinando por su cuenta a qué personas va a habitar.

Cuando estoy dando por sentado que Carlos es una persona egoísta, desde ese mismo momento me he dejado de relacionar con la persona, para relacionarme con la etiqueta –egoísta-; por lo que en posteriores encuentros partiré de este juicio y una de las cosas más probables que ocurra es que aquello que yo he establecido como premisa de lo que esa persona “es”, esté buscando incesantemente los hechos que así lo confirmen.

Si doy “como un hecho” que Carlos es egoísta, ¿existe alguna ocasión en la que Carlos no sea un egoísta?, ¿qué ocurre entonces?, ¿todavía es posible conjugar el verbo “ser egoísta”? , ¿cómo es eso posible?

Y cabrían más matices que podemos hacer a esa experiencia, que nos puede servir de ejemplo real para constatar que cuando nos vamos a un extremo, dejamos de contemplar cuando estamos habitando todo el intervalo posible hasta el otro extremo, y que nos proporciona un sentido más certero del equilibrio. Rompo con el pensamiento dicotómico y sólo me quedar “notar” lo que ocurre cuando eso acaece, en contraposición a lo que “noto” cuando me estoy moviendo de un extremo a otro.

Manuel León López
Coach, Terapeuta y Formador
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