Un cuento para darnos cuenta

“Una persona que no se da cuenta sólo ve una manera de hacer las cosas”
A partir de un cuento de Jorge Bucay, vamos a explorar la cuestión del “darnos cuenta” y cómo nos podemos acercar a esta idea:
“Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la acera, no lo veo y me caigo en él. Al día siguiente, salgo de mi casa, me olvido que hay un pozo en la acera, y vuelvo a caer en él.
Tercer día: salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la acera, sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.
Cuarto día: salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la acera, lo recuerdo, y a pesar de eso, no lo veo y caigo en él.
Quinto día: salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la acera y camino mirando al piso, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él. 
Sexto día: salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la acera, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.
Séptimo día: salgo de mi casa y veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.
Octavo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, ¡llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría…y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.
Noveno día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo mi camino.
Décimo día: me doy cuenta hoy… ¡que es más cómodo caminar por la acera de enfrente!”
¿Cuántas veces tenemos que caer en el mismo pozo para darnos cuenta de que existe?
¿Cuántas veces, a pesar de saber que existe, seguimos cayendo en él o en otros similares?
Darnos cuenta es el primer e imprescindible paso para poder transformar, gestionar, superar, eliminar o aceptar algo.
Cada uno tenemos nuestros propios “pozos”, elementos que nos perjudican de una u otra forma: algunos de ellos son internos como los pensamientos, emociones o actitudes propias, y otros externos como algunas relaciones, personas o situaciones en las que nos vemos envueltos. En cualquier caso no siempre resulta sencillo percibirlos y aún menos, superarlos o transformarlos.
Todos funcionamos a partir de nuestros patrones: emocionales, roles y mecanismos inconscientes que “saltan” de forma automática ante los estímulos externos. Buena parte de estos mecanismos de estos patrones se forjaron en nuestra infancia y los hemos consolidado a base de repetirlos.
Estos automatismos, estos patrones,  que nos empujan a responder siempre de la misma forma, hacen que la tarea de darnos cuenta y de aprender caminos distintos a veces resulte extremadamente complicada.
Dormir y despertar
La diferencia entre darnos cuenta o no, es tan grande como la que hay entre estar dormidos o despiertos. A pesar de que cuando soñamos sentimos que lo que estamos viviendo es real, ¡sólo cuando despertamos podemos darnos cuenta de que era un sueño!
Somos tan ajenos a los automatismos con los que funcionamos que nos acabamos confundiendo con ellos, así los “hacemos nuestros” y terminamos por aceptar que “nosotros somos ellos”, que no tenemos ningún control sobre ellos y terminamos por hacernos nuestras propias víctimas.
Sin el darse cuenta no existe ninguna opción. Hasta que el protagonista del cuento se da cuenta de que no se da cuenta del pozo, no tiene ninguna posibilidad de cambiar el automatismo que le hace caer en el.
”El rango de lo que pensamos y hacemos está limitado por aquello de lo que no nos damos cuenta. Y es precisamente el hecho de no darnos cuenta de que no nos damos cuenta lo que impide que podamos hacer algo por cambiarlo. Hasta que nos demos cuenta de que no nos damos cuenta, seguirá moldeando nuestro pensamiento y nuestra acción”.