Verguenza


El sentimiento de “Vergüenza”, suele confundirse o pensar que es sinónimo del de la “Culpa”, y no es tal. La culpa está relacionada con un sentimiento acerca de una cosa concreta, de un acto, mientras que la vergüenza abarca a todo nuestro ser, no está ligado a algo concreto, es el sentir con el que hemos crecido y nos presentamos a nosotros mismos en el mundo: siento vergüenza de mí en la forma de relacionarme conmigo y con el exterior.

Si no recibimos un amor incondicional y respeto a nuestro desarrollo, creceremos sintiéndonos no válidos, indignos de ser queridos. Esto genera un gran dolor, que tenderá a que nos protejamos y limitemos el exterior para no sentirnos completamente rotos. Si yo vivo el exterior, como hostil, y por lo tanto el mundo es un lugar hostil, aparecerá el sentimiento de vergüenza para conmigo mismo, y así me recluiré para no mostrarme al mundo, dudando constantemente de mis pensamientos, de mi sentir y de todo aquello que hago.

Cuando yo vivo el mundo como un lugar hostil y mi ser lo percibo como erróneo, la percepción de la realidad queda distorsionada y las amenazas ampliamente magnificadas, llevándonos a conductas de absoluto control, ideas obsesivas y mucha intensidad emocional que constantemente se va retroalimentando.

Así es fácil que se confunda el Control con la Seguridad, la Obsesión con el Cuidado y la Intensidad con la Intimidad.

Lo “verdadero”, siempre vendrá de las voces del exterior, y los criterios "válidos" serán esos y las propias ni las conozco y de llevar hago al mundo, lo estaré cuestionando, juzgando, y así iré desarrollando además el “perfeccionismo” en todo lo que hago, y como el estándar es tan alto, nunca llegaré a reconocerme y sentirme satisfecho con ello.

Esta generalidad, contaminará todos los actos de mi vida, las distintas facetas y sólo seré consciente de que “hay cosas que no funcionan”, pero en el fondo no es la cosa en sí, sino el desde donde yo me estoy personalmente relacionando con esa cosa, con esa faceta: trabajo, pareja, familia, sociedad…: desde un yo de vergüenza.


Y esto no tiene porqué convertirse en una maldición que nos persigue toda nuestra vida, podemos transformarlo: igual que aprendimos a generar ese sentir de vergüenza, podemos aprender a soltarlo y generar una verdadera conexión con nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar.