Manipulador!!, ¿y tú?


Aprendemos a “manipular el mundo” para conseguir nuestros objetivos, y esto nos es muy útil porque nos permite sobrevivir. 

También lo hacemos con las personas que tenemos a nuestro alrededor, de alguna forma cuando somos bebés aprendemos, por ejemplo,  que si lloramos obtenemos la atención de nuestros cuidadores.

Todos, en un grado u otro “somos manipuladores”, porque para sobrevivir necesitamos conseguir nuestros objetivos. Una parte de la publicidad, consiste en eso, en manipular emocionalmente a quien vaya dirigida, para que asocie inconscientemente la satisfacción de una necesidad (real o no) a la adquisición del producto publicitado.

Suele ser habitual que cuando alguien rompe una relación de noviazgo o matrimonio, las personas de su alrededor suelan preguntarle: ¿has rehecho ya tu vida?, como si una vida “sin pareja”, no pudiese ser válida. Así, estos condicionamientos culturales los asumimos, los hacemos nuestros y uno de nuestro objetivos personales puede convertirse en “conseguir pareja”.

Focalizado el objetivo, desplegamos nuestras técnicas para conseguirlo; y una de ellas suele pasar por la manipulación, a través de conseguir la atención emocional de la persona en la que estemos interesados, por ejemplo, a través del empleo recurrente al “victimismo”  Si a esto le añadimos un “atractivo físico” que yo sé que puedo explotar, ya son dos herramientas desplegadas.

Conforme vamos avanzando en la consecución de nuestro objetivo, iremos incorporando otras herramientas del repertorio, como puede ser el “de controlar” los movimientos, conductas, hobbys de la otra persona; deslizarme con facilidad hacia la violencia verbal y hacerle culpable o el empleo abusivo de la critica destructiva constante o del sarcasmo para ridiculizar al otro.

Siendo consciente de esta realidad, lo que puedo hacer es notar cuando yo la estoy desarrollando hacia los otros, evaluar el contexto y si lo realizado está o no alineado con mis valores; y también a modo de cura preventiva cuando note, compruebe que el otro lo está haciendo conmigo.



Metáforas, cajas y un matemático.


 Imagina que un día te encuentras a un amigo que tiene una caja de cartón, y sobre ella para identificarla tiene la “Etiqueta”: Libros, y él te pregunta, ¿te interesa algún libro de esta caja?; tú no estarás en disposición de decidir algo al respecto, ya que “no conoces el contenido” de la caja, y por lo tanto la temática de ellos.

Algo similar es lo que hacemos cuando “etiquetamos” a cosas en sí muy diferentes de la misma forma. Si alguien me dice que tiene “un problema”, por asociación interna a la “etiqueta” (problema), pensaré que es algo “negativo” y me predispondré a ello. 

Ahora bien, en la cuestión que yo puedo devolverle, y es ¿de qué va el asunto?, puede explicarme que de profesión es matemático y que está gestionando un asunto que aún no ha resuelto con algo relacionado con la trigonometría. ¿Realmente es un “problema negativo” como yo lo he asociado en un principio, o quizás, sea algo positivo que en sí exista ya que forma parte de su profesión?

Es aquí donde quiero llevar la atención, y es el notar qué etiquetas lingüísticas ponemos a la hora de denominar una situación; ya que esas etiquetas internamente nosotros las tenemos asociadas a una serie de ideas al respecto, y por lo tanto distintas etiquetas, nos conectarán con cosas distintas; y en estas cosas distintas, evaluar cuáles son las más útiles a emplear y que encajen de forma más eficiente a esa situación.


El Deseo, el Universo y los Unicornios


Necesitamos hacernos “comprensiones del mundo”  y lo hacemos a partir de las exploraciones e investigaciones que realizamos sobre él, así acumulamos saber de cómo es el mundo. En ocasiones esas “comprensiones”, tienen que ver más con interpretaciones del mundo que con descripciones del mundo; y en función de que nuestras comprensiones estén más ajustadas a cómo es el mundo real –descripciones-, estaremos en mejor disposición de poder hacer cosas de forma más eficiente.

Una de las comprensiones que andan rondando y que forman parte del grueso de conocimiento que se nos transmite, y que en parte tiene su origen en el mito de : “pide y se te dará”, es aquella que viene a decir que “algo por el mero hecho de desearlo, el universo conspirará y se pondrá de nuestro lado para que lo consigamos”, y es algo que suena bien, que emocionalmente podemos vivir de forma agradable pero que está muy lejos de corresponderse con una descripción del mundo real.

Si yo me pongo en el horizonte un objetivo, se supone que el “deseo” es lo que está alimentando que me mueva en esa dirección. Ahora bien, aparte del deseo tendré que hacer cosas que favorezcan que lo consiga, con las que ni siquiera tendré garantizado que llegue a completarlo, pero sí me colocarán en una probabilidad más de alta de conseguirlo.

Cuando yo “visualizo” un aparcamiento libre allá donde me dirijo, por sí sólo no aparecerá; este acto irá acompañado de una mayor sensibilización a notar posibles huecos para poderlo hacer. Si estoy en el desempleo, no sólo por desear encontrar un trabajo, el universo enviará a alguien  llamar a mi puerta diciéndome que tiene para mí una oferta, tendré que hacer cosas de forma activa. No porque desee que los Unicornios son reales, un día van a emerger del arco iris y con sus alas se posarán en mi balcón.

Si quieres conseguir algo, no sólo es útil desearlo, también que pongas acciones que te conduzcan ahí, porque al Universo lamento decirte que le importas poco, y esto no es necesariamente triste, simplemente es.


"Eres especial" o cómo entrenarte a ser un frustrado

Los mensajes con contenido “emocional” tienen garantizado su éxito ya que es a lo que nosotros primero respondemos, estamos muy entrenados a ello. En nuestro desarrollo, sobre todo los dos primeros años de vida, a los estímulos que recibimos del mundo, respondemos desde la emoción, y no existe un juicio cognitivo (pensar) en esa respuesta.

Hoy para los padres sus hijos son “seres especiales”, y desde ahí van a exigir a los otros que se los trate como tales y eso tiene consecuencias, ya que siempre se va a tender a disculpar o buscar cualquier razón por muy extravagante que parezca que justifique el comportamiento inadecuado de su hijo, ya que son “seres especiales”; y esto el niño lo capta y lo asume para él.

Unido a esto, también hay una influencia procedente de ideas, creencias míticas que vienen a establecer que “El Universo”, “Dios”, “La vida”, tiene un plan para cada uno de nosotros, ya que somos eso, seres especiales y que cada uno en nuestra vida tenemos que conocer y alcanzar eso que “ya estaba establecido para nosotros, ya que somos seres especiales”

Efectivamente cada uno de nosotros tenemos una forma de ser y estar en el mundo que nos hace únicos, que no especiales, porque esa “unicidad” la compartimos con el resto de miles de millones de otros humanos que pueblan la tierra. Si nos pasamos la vida exigiendo y esperando, que porque “somos especiales” hay como una especie de “deuda de trato de favor hacia nosotros” por parte del mundo, estamos alimentando una enorme frustración, que se va a manifestar después en respuestas muy agresivas a cualquier contradicción: nótese reacciones en redes sociales.

Cuando perdemos tolerancia a la  frustración, cuando no aprendemos a gestionarla, porque creemos que nos merecemos todo, nunca llegamos a conocernos a nosotros mismos, a nuestros límites porque más que crearnos una imagen de nosotros mismos, nos creamos una fábula. Nos ofendemos con muchísima facilidad, pero tampoco medimos las palabras con los demás porque  no asumiremos una igualdad en la comunicación; en otras palabras, si nos creemos estas palabras nos convertirnos en adolescentes perpetuos.

“Hay que ser muy humilde, para ser muy grande”