Atrapados

 Cada mañana desde que el sonido del despertador nos avisa que es el momento de activarnos, volvemos a repetir la forma de pensar acerca del mundo y de nosotros, los sentimientos y emociones que hemos aprendido a desarrollar y a responder ante los estímulos, tanto del exterior como internos; así como a desempeñar cosas con el fín de poder manipular el mundo y satisfacer nuestras necesidades: nuestras cotidianidad.

Nuestra forma de pensar, sentir y desempeñar, la hemos ido aprendiendo en base a unos condicionantes genéticos y del entorno donde hemos crecido; y los hacemos “tan nuestros”, que nos resulta muy desafiante el “darnos cuenta, el  notar” que son procesos de los que nosotros somos la parte fundamentalmente activa, porque de una forma consciente o inconsciente cada día nos entrenamos en su refuerzo: y ahí permanecemos, Atrapados.

Salimos al exterior, y nos relacionamos con otras personas atrapadas en sus propios procesos de pensar, sentir y desempeñar. Si cualquiera de nosotros llamara la atención a esas personas que su forma de pensar, sentir y desempeñar con procesos aprendidos y que pueden modificarse, lo más probable es que no vayan a aceptar ese planteamiento, porque corre en contra dirección de cómo ellos consideran que funciona su realidad, y la percepción de ella es tan fuerte que me impide aceptar que eso que yo estoy sintiendo como tal, es algo que sólo es real para mí.

Y aquí la cuestión: ¿cómo puedo modificar las ataduras en las que mantengo atrapado si no las identifico? Si yo tengo unas gafas de cristales rojos, pero no soy consciente de ello y cuando me toco la cara no las noto: cómo puedo aceptar de alguien que me diga que ese mundo que estoy viendo no está impregnado de color rojo, que lo estoy viendo a través de unas gafas y para colmo, yo le he ido dando forma cada día de mi vida, y de tanto llevarlas ni las noto.


Resulta una labor compleja, constante y que requiere de un compromiso con ello  aunque la evidencia revela que es perfectamente posible. En ti está la decisión de poder ponerte a trabajar en la dirección de  notar tus propias gafas, comprobar el color de tus cristales y decidir qué es lo que quieres hacer con ello. 

Verguenza


El sentimiento de “Vergüenza”, suele confundirse o pensar que es sinónimo del de la “Culpa”, y no es tal. La culpa está relacionada con un sentimiento acerca de una cosa concreta, de un acto, mientras que la vergüenza abarca a todo nuestro ser, no está ligado a algo concreto, es el sentir con el que hemos crecido y nos presentamos a nosotros mismos en el mundo: siento vergüenza de mí en la forma de relacionarme conmigo y con el exterior.

Si no recibimos un amor incondicional y respeto a nuestro desarrollo, creceremos sintiéndonos no válidos, indignos de ser queridos. Esto genera un gran dolor, que tenderá a que nos protejamos y limitemos el exterior para no sentirnos completamente rotos. Si yo vivo el exterior, como hostil, y por lo tanto el mundo es un lugar hostil, aparecerá el sentimiento de vergüenza para conmigo mismo, y así me recluiré para no mostrarme al mundo, dudando constantemente de mis pensamientos, de mi sentir y de todo aquello que hago.

Cuando yo vivo el mundo como un lugar hostil y mi ser lo percibo como erróneo, la percepción de la realidad queda distorsionada y las amenazas ampliamente magnificadas, llevándonos a conductas de absoluto control, ideas obsesivas y mucha intensidad emocional que constantemente se va retroalimentando.

Así es fácil que se confunda el Control con la Seguridad, la Obsesión con el Cuidado y la Intensidad con la Intimidad.

Lo “verdadero”, siempre vendrá de las voces del exterior, y los criterios "válidos" serán esos y las propias ni las conozco y de llevar hago al mundo, lo estaré cuestionando, juzgando, y así iré desarrollando además el “perfeccionismo” en todo lo que hago, y como el estándar es tan alto, nunca llegaré a reconocerme y sentirme satisfecho con ello.

Esta generalidad, contaminará todos los actos de mi vida, las distintas facetas y sólo seré consciente de que “hay cosas que no funcionan”, pero en el fondo no es la cosa en sí, sino el desde donde yo me estoy personalmente relacionando con esa cosa, con esa faceta: trabajo, pareja, familia, sociedad…: desde un yo de vergüenza.


Y esto no tiene porqué convertirse en una maldición que nos persigue toda nuestra vida, podemos transformarlo: igual que aprendimos a generar ese sentir de vergüenza, podemos aprender a soltarlo y generar una verdadera conexión con nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar.

Saber que no sabes

Como seres humanos necesitamos “Investigar” el mundo para adquirir conocimiento de cómo es el mundo, cómo es el entorno en el que me desarrollo y a partir de ahí también poder manipularlo, poder interactuar con él. Esta habilidad es un proceso que empezamos a desempeñarlo desde que llegamos al mundo Así construimos un “Saber”

Ese “saber” lo vamos consolidando a partir de las evidencias que entendemos encontrar, hasta que llega un momento en que se consolida. Ahí podríamos entrar en otras distinciones aplicadas a la naturaleza de ese conocimiento o de ese saber que lo hace más o menos firme.

La cuestión a la que aquí me quiero referir, es que cuando encontramos algo y no tenemos disponible conocimiento para explicar lo que ocurre, generamos interiormente lo que podemos llamar un “hueco de comprensión”, y ese “hueco de comprensión”, suele vivirse, suele ir asociado a la un sentir de “incomodidad”, lo sentimos mal, desagradable, porque nos hemos entrenado a darle un sentido al mundo y en la educación a castigarnos si algo no se conoce.

Así hoy con el acceso a Internet y todas las fuentes de “conocimiento” que se ofrecen, vivimos en lo que de una forma tan cursi se llama: “sociedad del conocimiento”, y esta acepción es muy limitada, ya que esa “sociedad del conocimiento”, está construida por un “saber o conocimiento” lleno de imprecisiones, de lagunas y de cosas no certeras, que preferimos asumir para deshacernos de ese “sentimiento incómodo, que genera la falta de conocimiento ante un hecho

En una sociedad no tan distante a la de hoy, en general, la gente cuando se relacionaban con un tema con el que no estaban familiarizados: “sabían que no sabían” y delegaban en los que ellos entendían como figuras de autoridad en el tema en cuestión. Hoy no, muchas personas viven en el autoengaño de saber de muchos temas, porque tienen sus dudas resueltas a un golpe de click.

Aprender a que “una ausencia de conocimiento sobre una materia”, no tiene porqué ser incómodo, porque no podemos tener acceso del “saber” en todas las materias, y a la vez entrenarnos en “pasar por el filtro”, el conocimiento que nos llega, en base a investigar la fuente de donde procede. Por ejemplo: unos periodistas polemizando acerca del contenido de una sentencia judicial: ellos podrán tener unos conocimientos de periodismo, pero no han estado en la Instrucción del caso y no conocen en detalle el cómo se ha desarrollado y en base a qué se ha llegado a las conclusiones que puede plantear la sentencia.

Que algo sintamos cómodo, no significa que sea útil, ni que sea certero.


Desgranando el “Miedo”


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Continuamente estamos sometidos a “estímulos” con los que nosotros de forma consciente e inconsciente vamos respondiendo. Esas respuestas con las que vamos interactuando son de tipo “emocional” y “mental”, y así las distintas respuestas marcan el camino por el que se van a ir desarrollando los hechos: si salgo a la calle y me encuentro a un grupo de niños “jugando al futbol”, dependiendo de cómo yo reacciono a eso a nivel “emocional” y cual es el significado que le doy a ese hecho, va a depender la realidad que yo empiezo a vivir; por lo que a ese nivel nosotros somos los generadores de la realidad que después experimentamos. Si esa realidad la quiero modificar, habré de actuar tanto a nivel emocional, como mental.

Las respuestas emocionales y mentales con las que interactuamos son aprendidas, reforzadas por la experiencia, asentadas de forma inconsciente, con lo que se hace muy desafiante sensibilizarnos a “notarlas” y estar en disposición de poder modificarlas de forma intencionada; pero que una cosa resulte “desafiante”, no significa que se imposible. Lo que nos puede ayudar en la labor, es identificar elementos, más sencillos de reconocer e ir actuando con ellos de forma individual.

Por ejemplo, hay una respuesta emocional básica para nuestra supervivencia que es el “Miedo”. Nos ayuda a protegernos de situaciones en las que nuestra vida está en juego, aunque por contra también tiene el inconveniente, de que hayamos aprendido a activarla cuando son situaciones imaginadas o que no respondan a un “peligro real”. Así podemos extraer tres elementos a considerar en la situación concreta a la que estamos respondiendo con el “Miedo” (o cualquier otra emoción) :

- Contexto
- Real o Imaginado
- Aprendizaje

Comenzar a sensibilizarnos con los “Contextos”, es decir, por los “escenarios” donde desarrollamos nuestras respuestas, y preguntarnos si en ese “contexto” es adecuado o no experimentar “miedo”. Por ejemplo, si vamos de visita a un zoológico, cuando veamos a los leones que están dentro, lo más probable es que la respuesta de miedo se desplace, por emociones más cercanas a la curiosidad, interés, diversión…Ahora bien, si ese mismo  grupo de leones me lo encontrase al salir de casa, la respuesta más automatizada y adaptativa sería la de “miedo”. Imagina ahora, que estas respuestas cambiaran dentro de estos contextos: en el zoológico salgo huyendo, al salir de casa me creo seguro y emprendo la curiosidad: cuando notes una emoción evalúa el contexto donde se está generando y si es apropiada o no.

Nosotros respondemos con la misma fuerza e idéntica manera al “mundo real”, “que el mundo imaginado”, por lo que otro elemento a chequear sería éste: si la situación que estoy viviendo, está dentro de la realidad o es algo imaginado; y dentro está respondiendo a un peligro real o es algo imaginado. En general las respuesta de miedo a situaciones imaginadas, lo que podemos denominar: “miedos anticipatorios” suelen generar después la realidad que tanto “tememos”: auto profecía cumplida: si yo experimento mucho miedo antes de entrar a un supermercado por que pienso ( y mi atención la pongo ahí), que “todo el mundo dentro de él me va a estar juzgando y mirando”, claramente es algo imaginado pero que terminaré de hacer realidad, por que mi comportamiento en el supermercado levantará la atención de otros clientes,  y yo juzgaré eso como confirmación del miedo que había anticipado.

Hemos de tener en cuenta por último el otro elemento a considerar y sensibilizar: “el aprendizaje”: ¿he aprendido en mi vida hacer distinciones de contextos?, ¿cuanto de situaciones imaginadas genero en mi día a día?, ¿desde cuando mantengo esta forma de desempeñarme?, ¿además de esta situación, que otras similares existen en mi vida y respondo de una forma muy parecida?, ¿donde y cuando aprendí hacer esto? …Al igual que aprendemos a desarrollar habilidades muy útiles, también lo hacemos para aquellas que pueden resultarnos muy poco útiles, si no tenemos en cuanta el contexto donde las desarrollamos.

Las cosas, las habilidades, las situaciones, las personas…no son buenas o malas en sí, sino que es el contexto quien va a marcar su conveniencia o no, y cómo yo reacciono a ello.